Pintura y arte de objetos

Pintores suizos han dejado sus huellas en el Romanticismo y en la época del Bauhaus. También fueron precursores del movimiento para un arte concreto.

«Nanas» de Niki de Saint Phalle en la orrilla del Leine en Hannover
«Nanas» de Niki de Saint Phalle, Hannover. © Jürgen Götze

El Romanticismo, que apareció en el transcurso del siglo XVIII, es una de las corrientes artísticas de mayor relevancia en la pintura suiza. Artistas como Caspar Wolf, Johann Heinrich Füssli, François Diday o Alexandre Calame ocupan un lugar privilegiado con sus cuadros, que realzan la belleza de la naturaleza en su más puro estado original. Los paisajes montañosos cargados de simbolismo de un Arnold Böcklin o de un Ferdinand Hodler, o las representaciones naturalistas de la vida campesina de un Albert Anker también tienen sus orígenes en el Romanticismo, aunque apuntan ya hacia una nueva tendencia. 

En las postrimerías del siglo XVIII, Anton Graff, de Winterthur, fue designado retratista en la corte sajona de Dresde, convirtiéndose en uno de los pintores más solicitados e influyentes de este género pictórico en el espacio germánico. Junto con su compatriota Adrian Zingg, un pintor y grabador en cobre, descubrieron la «Suiza sajona» como motivo de su trabajo artístico, contribuyendo con ello a la fundación de la corriente naturalista romántica en Alemania. 

A partir del siglo XIX la pintura suiza emprende distintos caminos, pero sin dejar su predilección por el paisaje, como demuestran especialmente las obras de pintores como Giovanni Giacometti, Paul Klee, Cuno Amiet y Felix Valloton. 

Como respuesta a los horrores de la Primera Guerra Mundial, se fundó en Zúrich en 1916 el movimiento vanguardista del dadaísmo, cuyo epicentro se encontraba en el Cabaret Voltaire y cuyos principales artífices fueron los artistas Hugo Ball, Emmy Henning, Hans Arp, Sophie Taeuber-Arp y Tristan Tzara. El movimiento dadaísta fue precursor del Bauhaus, cuyo estilo se manifestó de forma patente en las obras de Johannes Itten y Paul Klee. 

En los años posteriores a 1940 se desarrolló en Zúrich el arte concreto en torno al artista Max Bill. Tras la Segunda Guerra Mundial adquirieron fama internacional pintores suizos como el hiperrealista Franz Gertsch, el pintor abstracto Rolf Iseli, la surrealista Meret Oppenheim, el litógrafo Hans Erni o artistas de acción y objetos como Dieter Roth y Daniel Spörri. 

A finales del siglo XX emergió en Suiza una nueva generación de artistas, en la que destacan nombres como John Armleder, Sylvie Fleury, Peter Fischli & David Weiss, Roman Signer, Pipilotti Rist o Thomas Hirschhorn. Se alejaron de la pintura como única forma de expresión artística para incorporar en sus obras el vídeo, el “collage” y el arte de objetos.